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jueves, 30 de agosto de 2012

Para no mencionarte.

Un cerdo llamado Lucio, se inmiscuye en los cerebros humanos y se traga gran parte de sus hipocampos. Siempre deja una nota, diciendo que es mejor que la leche magnesia o mejor que esperar a los cannabinoides. Además, el trabajo de Lucio no es retribuido y es efectivo.

El domingo por la tarde, en casa de papá, Lucio me visitó. Le dije, no estar preparada para dejarle comer una porción de mi hipocampito. Esa misma noche, Lucio observó todo lo que hice, viajó conmigo hasta la casa de Napoleón Bonaparte. 

Me dejó sola con él, y se fue a dar un paseo. Al día siguiente, Lucio y yo, regresamos a mi pieza. Tenía que ir al trabajo y andaba algo triste por cuchimil cositas. Le pedí a Lucio que aún no extrajera a N.P de mí.

Ayer por la noche, le comenté a Lucio, creer que tenía alas, pues no, Lucio tiene una hélice enquistada en su espalda. Al rato me trajo una alcancía, ellos fueron como él, lo que yo llamo Hipocamrujanos, aunque no usen una pinza  llamada Tiffany la des-sesadora. 

A esos cerditos disecados se les extrajo la hélice por algún vil motivo, ellos pasaron de ser cirujanos hipocamperos a mustias alcancías, que luego se rompen, gracias a la vanidad, pudiendo las monedas o billetes, ser guardadas en cajas o billeteras, que para eso están hechas. Los colegas de Lucio, terminaron siendo eso, por equivocación, no por vocación.

A las 10 de la noche Lucio logró convencerme, me presentó miles de motivos por lo cuáles debía suprimir a N.P , más la situación presentada el domingo. Lucio tenia razón. Fui por ron, bebí hasta quedar inconsciente. 

Ni si quiera recuerdo tu nombre Napoleón Bonaparte. 

Un fanático de Lucio, se lo estampó en el polo.