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martes, 16 de octubre de 2012

Me he mudado nuevamente y he pensado en cómo es de selectiva la memoria. Recuerdo haber guardado el anillo que Coco, mi mejor amigo de colegio me regaló antes de irse a Argentina, prometiendo volver para casarnos. Encontré en mi cofre con forma de corazón una cajita con cadenas, una de ellas me la regaló Tracy con el dije de mariposa, bueno en realidad es una luciérnaga, pero a mi me gusta decirle mariposa, lo siento. De no desempolvar algunas cosas, no me hubiese dado cuenta de cuán fanática soy de los clips, los tengo ahí en el centro del cofre, de lo más pintocolorezcos, recuerdo jugar con ellos y moldearlos, darle la forma de un corazón, recuerdo también que hice uno, uno especial, que luego llegó a formar parte de los llaveros de Tracy, era uno morado, por ser nuestro color favorito. Dentro del cofre encontré también unos aretitos de delfín que un ex enamoradito me regaló, me recuerdan a los aretes de mi infancia, de esos que mi madre me hacía usar con la forma de todos los animalitos existentes. A medida que iba tomando los recuerdos en mis manos, se los mostraba a mi novio y le contaba la historia de cada uno, es sorprendente ver como la nostalgia ha ido invadiéndome y expandiéndose. En la caja de los discos he guardado los cassettes de música infantil, repletas de esas canciones con la que celebré mi cumpleaños número 6.
He descubierto que dentro del cajoncito que tiene mi cofre negro guardaba el collar que mi padre me regaló cuando regresé de mi viaje a Iquitos después de un año y tantos meses. El mismo sentimiento de recelo se me ha presentado cuando vi la muñequita que mi madre me regaló hace 8 años aproximadamente. Los he unido por ahora, no por un tema de creencias sino mas bien por un tema de sentimentalismo puro e inocente.  
J. le ha puesto una pila al reloj que Analú me regaló hace unos 3 años, escrito con su nombre, el de Angie, el de Celeste y el mío y el año 2009, recuerdo salíamos casi todos los días a las 6 pm, nos encontrábamos en casa de Analú y de ahí partíamos en busca de cremoladas. Ahora nos hemos distanciado mucho, los pretextos sobran. Pero sea como sea, sé que les va bien. Así como encontré cositas con una exagerada carga de sensibilidad, también encontré cosas inservibles, osea,que no son de mi utilidad, así que las hemos guardado para venderlas, como parte de la ropa que J. y yo ya no usamos. Nos hemos convertido en unos microcomercializadores a partir de mi mudanza y la limpieza hecha en nuestro nuevo hogar.

Pronto arreglarémos la maquina de coser a mano, tomaremos cebada helada y seremos felices para siempre.