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viernes, 17 de febrero de 2017

nuestra próxima expedición será en las estructuras arquitectónicas del seno de la mujer que por primera vez nos toco el rostro, la perdonamos porque ella también lloró, porque ella fue silenciosa y rápida, porque nos enseño el verbo de su nombre, porque se desnudó y sus mejillas se sonrojaron pidiéndonos oscuridad, y nosotros, famélicos y torpes, con las yemas de nuestra pinza pulgar humedecida apretamos la mecha de la vela. Luego esparcimos la cera líquida sobre su espalda.
Ella era bella y ardía, quemaba tanto que tuvimos que irnos. lanzamos un beso como se lanzan los suicidas al vacío y no estuvimos.

(texto que forma parte de un nuevo cuaderno de poesía que estoy trabajando)